
Otra noche como cualquier otra que empieza. Me levanté y me preparé para realizar mi debido oficio. Muchos consideran que lo que hago es deplorable, otros lo ven como un “mal necesario”. Realmente al pueblo le conviene mi trabajo, a los burgueses, a la realeza, a todos; hasta a mí.
¿Qué si recibo una buena paga?, no puedo quejarme; sabes, ya es mucho con que me mantenga “sano y salvo”. Claro, no creas que uno puede equivocarse, nada de eso. El más mínimo error le costó la vida a más de uno de mis compañeros.
Pobres hombres, pobre de mí. Sabemos que lo que hacemos no tiene perdón, pero lo irónico es que a la vez somos unos “héroes”. Yo prefiero verlo como aquel bien que necesitamos pero, que al fin y al cabo, solo pocos realizamos. Veámoslo de esta manera, es como cuando estás enfermo y debes tomarte una asquerosa medicina para mejorarte y evitar una desgracia, así mismo es.
¡Se me hace tarde!, y yo aquí pensando tantas tonterías. Tocan la puerta y escucho a uno de los míos gritarme “¡apresúrate!, que no tenemos todo el día”.
Antes de salir, me despido de mi querida esposa, ella siempre me ve con esos tristes ojos llenos de agonía por no saber si en la mañana me volvería ver. –Tranquila cariño esto no es más que una rutina -le dije para que calmarla-, le di un beso y sostuve fuertemente su mano, -sabéis que me preocupa verte marchar a tan terrible oficio que realizáis -ella expresó. Luego, con el poco tiempo que me quedaba, me dirijo a despedirme de mi pequeña hija, me agaché a abrazarla, -cuídate padre, traedme una rosa roja, como lo hacéis todas las noches -me dijo inocentemente mi hija.
Finalmente salí de la casa, -¡qué tanto tardabais!, mientras más rápido terminemos con esto, será mejor -me dijo mi amigo-, -lo sé, lo sé, ¡en marcha! –le repliqué.
Nos encontramos con parte del grupo y nos dijeron que los demás nos esperaban cerca del punto de encuentro con “la mercancía”.
La noche es oscura, la luna no brilla, definitivamente es el momento para hacer lo que debemos; por mas que cuando estamos cerca de ello, provoca ya no seguir con esto, pero es algo que sabemos que no es mas que un simple sueño.
Ya estamos todos juntos, finalmente, y nos dirigimos al punto de encuentro, acompañados de ese silencio tan aterrorizante y perturbador. Aunque ya esto es costumbre, uno difícilmente puede adaptarse a semejante atrocidad.
-Llegamos al lugar, démosle un último vistazo a estas pobres chicas –dijo el líder del grupo-, uno de nosotros quitó el manto que cubría sus rostros, en ese instante, todos quedamos paralizados con la belleza tan impactante que una de ellas posee. Ambas mujeres deben ser sumamente atractivas, es parte del trato, el asunto es que una de estas chicas tenía unas facciones tan perfectas que nos dejó sin palabras. -¡Vaya!, ¡vaya! –expresó el líder interrumpiendo aquel silencio incómodo-, - esta chica en particular capaz nos la valgan como una ofrenda adicional.
De repente sentimos un frío alrededor de nosotros, son ellos, ya están aquí. En segundos, cuatro de ellos nos rodearon y vimos como otro apareció entre las sombras. Este lucía como aquel que siempre se presenta para cerrar “los tratos”.
-Linda noche, ¿no? –nos dijo aquella criatura-, parece que hoy tenemos una ofrenda especial, puedo olerla en su sangre… su sangre tan apetitosa. –¡Termina con esto! –gritó nuestro líder- . –Mantente al margen patético humano- expresó uno de los guardianes a punto de desenvainar su espada-, -tranquilo Xirev, no trates así a aquellos que nos sirven la comida más especial y más fina para nuestro Señor Vampiro –dijo el vampiro que cerraría el trato.
Pasaron los minutos mientras aquel vampiro diplomático hablaba con el líder de nuestro grupo acerca de los beneficios que le traerían a nuestro pueblo estas dos nuevas chicas; especialmente esa del atractivo tan llamativo.
Ya era la hora de terminar con este horrible negocio, -¡traedme a la primera de ellas! –gritó el vampiro diplomático. Le acercaron a la chica “menos llamativa”, para que así “dejar lo mejor para el final”. El vampiro sacaba una rosa blanca, tan blanca como la mismísima muerte, y la bañaba de sangre cuando hacía la “pequeña” degustación del cuello de aquella chica; para así asegurarse de que fuese apta para ser una elegida del Señor Vampiro.
La mujer con los ojos, la boca y las manos vendadas no hacía más que chillar del terror y del dolor; ya que no comprendía qué era lo que estaba pasando. La otra mujer estaba en absoluto silencio, no tenía ninguna expresión en su hermoso rostro que demostrase que estaba asustada.
Cuando el vampiro diplomático terminaba con la primera chica venía siempre hasta mí, no sé por qué especialmente hasta mí, y siempre me dejaba la, ahora, “rosa roja”, en mis manos. Capaz este sabía, de alguna manera, que mi hija siempre las quería, ¡qué se yo!, de pensar que siempre ha sido así cada vez me llenaba de mucha más preocupación.
-Todo está bien con esta, traedme a la siguiente y terminemos con esto –dijo el vampiro muy satisfecho. Le aproximaron a la hermosa chica y este se quedó admirándola unos minutos, detenidamente, dándose cuenta de que esta chica sí que es especial. –Si como luce es su sabor, esto complacerá mucho a nuestro Señor –expresó el vampiro con una sonrisa malévola en su rostro. Tomó otra rosa blanca y mordió a la pobre joven.
En un instante el vampiro zafó sus colmillos de la piel de aquella chica y escupió alguna especie de sangre de tonalidad oscura, muy oscura. -¡Xirev!, ¡acaba con ella! –ordenó el vampiro diplomático a uno de sus guardianes-, este saltó, con su espada en mano, sobre la chica y ella lo mandó a volar con unas sombras negras que salían de sus manos. La chica con su fuerza se había desatado, en un segundo, y luego descubrió su mirada oscura, se volteó, me miró fijamente y con un dedo me señaló que guardase silencio.
Desperté desorientado y sin saber qué había ocurrido. Me coloqué de pie, me sentía muy debilitado, me di cuenta que todos habían muerto, los vampiros, mis compañeros, hasta la otra chica; todos esa noche conocieron a la muerte, todos menos yo. Solo quedaba algo de ella, de aquella chica o lo que sea que fuese, la rosa blanca con la que el vampiro bañó su sangre, la rosa blanca que se había convertido en una rosa negra.
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