
Me siento a pensar en muchas cosas, es uno de esos momentos en los que miles de cosas te pasan por la mente, millones de ideas, tantas caras conocidas y que tu subconsciente crea, de repente entre todo eso, estás tú.
Medito y me imagino tu rostro, tu pelo tan suave, tus ojos y esa mirada que tienes, en la que tengo de pasatiempo perderme cada vez que la veo, tu sonrisa que le da esa luz que le hace falta a mis días, tus labios que son la tentación de mis deseos. Sí pienso mucho en ti, en cada detalle, voy construyéndote en mi mente y me digo a mi mismo: “¿Cómo puede existir una chica tan perfecta?”.
El dilema de todo el asunto es, cuando sé que no te tengo.
Cuando sé que no te tengo, de masoquista me pongo a imaginarme lo que sería tenerte aquí a mi lado.
Cuando sé que no te tengo, siento tus manos tomadas de las mías, aunque sea imaginario pareciese que las tengo.
Cuando sé que no te tengo, el mundo conspira en mi contra y hace que miles de cosas pasen frente a mis ojos para que yo no pueda borrar tu recuerdo.
Cuando sé que no te tengo, veo a cualquier chica, llego a estar con algunas de ellas, pero no es lo mismo… porque no eres tú, porque no te tengo.
Cuando sé que no te tengo, me imagino tu sonrisa en una noche sombría, limpiando mis lágrimas con cada una de tus caricias.
Cuando sé que no te tengo, me caigo del cielo, llego al mundo real, veo para mis lados y ahí no te veo.
Cuando sé que no te tengo, escribo versos estúpidos con la esperanza de que algún día puedas leerlos.
Cuando sé que no te tengo, todo parece bien, pero nunca perfecto.
Cuando sé que no te tengo, mis labios piden a gritos sentir todos tus besos.
Cuando sé que no te tengo, por mi mente pasan tantos pensamientos y solo en ellos a ti te veo.
Cuando sé que no te tengo, me imagino a otro a tu lado, mientras yo sólo sufro con tu recuerdo.
Cuando sé que no te tengo, mi manía es imaginarme un mundo en el que yo nunca debí haberte conocido, pero luego me doy cuenta del gran error que hubiese sido pasar por algo como eso.
Cuando sé que no te tengo, los días, las horas, los minutos, los segundos, pasan más lentos.
Cuando sé que no te tengo, la soledad es mi mejor compañía en un mundo lleno de tanta falsedad y mentiras.
Cuando sé que no te tengo, siento que tú tal vez conmigo no serías tan feliz como el que tiene tus besos.
Cuando sé que no te tengo, las noches son una pesadilla por sentir tu ausencia entre mis dedos.
Cuando sé que no te tengo, la esperanza de que algún día te tenga en mis brazos, no se borra de mis pensamientos.
Cuando sé que no te tengo, me doy cuenta que tanto sufrimiento no vale la pena… pero aún no te tengo.
Cuando sé que no te tengo, tomo el arma más perfecta y me suicidio a punta de versos.
Cuando sé que no te tengo, te veo sonreír y aunque no sea conmigo a tu lado y yo –tontamente- pienso que eso es lo único que le importa a mis sentimientos.
Sé que tal vez no te tengo, pero sabiendo que eres feliz, con eso me sostengo, me levanto, me limpio las lágrimas y sigo adelante, pero nunca podré evitar sentir que aquí no te tengo.
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