jueves, 15 de marzo de 2012

La Noche Que Te Vi

Un sonido muy molesto, que se repetía constantemente, me despertó de un sueño profundo. Estaba solo en mi cuarto, rodeado por la oscuridad, ahí me quedé acostado por unos minutos pensando y meditando cosas de la vida, hasta que…

Volvió a escucharse aquel molesto sonido, era el transmisor que tengo mi mesa de noche. Lo tomé a ver quién rayos me buscaba tanto a estas horas de la noche; eran como la una de la madrugada. Tenía varias llamadas perdidas de una buena amiga, así que decidí marcarle para saber cuál era su insistencia en contactarme.

Me atendió al segundo, lo primero, y lo único, que me dijo fue “hay un negocio muy importante que atender, ven al Bar ¡ya!”. El Bar, ese sitio que mencionó es un lugar común y corriente, ese es su nombre y es uno de los locales nocturnos más lujosos de la ciudad; hasta me atrevería a decir del planeta.

Me alisté rápidamente, me puse mi mejor pinta para atender aquel “negocio”, por así decirlo, mi “uniforme para atender clientes”, mi leal chaqueta de cuero. Tomé mis llaves y salí volando para allá; no es literal, sí salí volando en mi vehículo, ¡este es el futuro!

Ya cuando estaba a punto de llegar podía divisar el gran letrero, muy colorido y atractivo, de aquel local al que me dirigía; este está escrito en alguna lengua extraña alienígena; por esto nosotros los humanos preferimos decirle “El Bar”.

Parqueé mi vehículo y ya en la entrada vi a mi amiga que me estaba esperando. Le susurró al guardia al oído y este me dejó pasar sin preguntar y sin hacerme la debida revisión que hacen –o que deberían hacer- en todos los locales nocturnos.

Entré al lugar y había ya una gran fiesta armada. Noté que es bastante grande, con montones de luces, la música a todo dar, por cierto que era bastante buena, y montones de personas bailando en un aura de éxtasis, que fácilmente contagiaba a cualquiera. Mientras caminaba por el lugar agarrado de la mano de mi amiga, la cual me guiaba hasta el lugar donde deben estar nuestros clientes. En ese instante la vi, vi a una chica hermosa que hizo que todo mi mundo se pusiese en cámara lenta, nos miramos fijamente y ella apretaba sus labios como señal de que quería que me le acercase.

En ese momento escucho a mi amiga presentarme frente a los clientes; y yo ahí todo distraído. Estos eran unas extrañas criaturas, que su mal aspecto equivalía a la cantidad de dinero que llevan en sus bolsillos; por si aun no me entendiste, pues sí, tienen la misma cantidad de capital que unos diez planetas juntos podrían recolectar.

Mientras me incliné, en señal de respeto ante mis clientes, noté que la chica, que en solo un segundo me flechó, estaba a solo una mesa de nosotros y se me quedaba mirando. Claro, a quién no le llamaría la atención alguien que se siente con los seres más ricos de la galaxia entera.

Empezamos a discutir el negocio, a ver de qué se trataba todo esto, mientras los meseros no paraban de servirnos tragos y tragos, más cantidades exorbitantes de comida. Estas criaturas tragaban como si fuese el último día de su vida. Avariciosos, codiciosos, sí, son detestables pero, al fin y al cabo, son mis clientes.

Mientras estábamos en todo este asunto, no podía dejar de pensar en aquella chica que se volteaba constantemente hacia nuestra mesa. Uno de estos alienígenas, que no sé cómo rayos sabía que era una mujer, se percató de toda esta situación y empezó a mofarse de mí, mientras que con su asqueroso cigarrillo me usaba de cenicero sobre mi preciada chaqueta. No sacaba mi arma y le volaba los sesos porque me iba a volver el hombre más buscado en toda la galaxia; ¡qué lástima!

Sí, debo aguantarme cualquier comentario despectivo o acción que me incomodase de estas criaturas; el único consuelo es que a estas les encanta cuando uno les responde de forma astuta y de esta manera demostrarles que no eres ningún tonto.

La criatura que me usaba como cenicero, y que no paraba de hacerlo, llamó a la chica para que se sentase con nosotros. Por más tentadora que se viese la oferta, ella no era ingenua y sabía que aceptar cualquier ofrenda de estas criaturas, obviamente fuera de un negocio, era un GRAN ERROR que muchos cometían; simplemente porque lo mejor que te podía pasar era que te matase de una forma rápida y poco tortuosa. Todo esto me hizo darme cuenta que la chica tiene algo distinto, además de su belleza despampanante, hay algo en ella que sencillamente me vuelve loco.

Decidí levantarme, para aprovechar la oportunidad, y me acerqué a ofrecerle un trago, de esta manera logré conseguir una excusa para sentarme junto a ella. Estaba muy apenada y con su dulce voz me dijo “estaba esperándote” y en ese instante, sin pensarlo dos veces, besé sus suaves labios; al parecer arriesgarme valió la pena. Todo fluyó perfectamente, era un momento mágico, que simplemente no parecía cierto.

De repente se escuchó un ruido aterrorizante y el local por completo fue sucumbido por el silencio. Un grito rompió aquel silencio y lo siguiente fue la alarma de la ciudad que empezó a sonar estrepitosamente. Todo el mundo empezó a huir despavoridos, sabía lo que sucedía; créeme que no es nada bueno.

Tomé a la chica y salimos corriendo hacia donde esta mi vehículo. Al salir vimos la ciudad a oscuras y solo se notaban los destellos de las armas disparándole a aquella gigantesca criatura. Como era de esperase mi vehículo no estaba, la plataforma de aparcamiento estaba completamente destruida.

Corrimos hacia la única nave de emergencia que quedaba en aquel local. El conductor nos dijo “tienen suerte; porque este es el último que queda en la ciudad”. Nos subimos junto a otras personas, que se notaba que el terror se las comía vivas. Para mí no era primera vez que veía una de estas espeluznantes criaturas arrasando con una ciudad entera; me he encontrado en situaciones parecidas en muchos de mis viajes de “negocio”, y en hasta en algunas mucho peores.

La chica apretó fuertemente mi mano mientras la nave recorría por encima de la ciudad y así veíamos las hordas de zombis que acompañaban a esta monstruosidad. Eran todas las víctima, de esta y quién sabe de que otra ciudad, que iban cobrando vidas por donde sus pasos las llevaran.

En ese ambiente tan espeluznante, y frente a ese panorama tan apocalíptico, abracé a la chica y le dije: “tranquila, no te abandonaré, verás que siempre estaré aquí contigo; ya todo va a estar bien”. Ella me sonrió y sin decir ni una sola palabra me besó.

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