
Aquí estoy, meditando y escuchando el silencio. Haciendo todo lo posible para evadir todos esos ruidos molestos que hay en este lugar.
Por fortuna logré encontrar un sitio frío y oscuro; lo suficientemente como para que pueda alcanzar el estado mental necesario para charlar con uno de los consejeros.
¿Por qué necesito hablar con uno de ellos?, pues por el simple, o muy complejo, hecho de que no logro entender a estos extraños seres, los humanos. No alcanzo comprender el porqué de cosas como el poco aprecio y respeto que le tienen al silencio.
De donde yo vengo, el silencio es algo sagrado. Nosotros pensamos, y sabemos, que este es un gran regalo que nos dieron nuestros creadores.
Un espacio en el que puedes viajar a otros mundos, un sitio donde puedes encontrarte y hablar contigo mismo; es ahí donde puedes meditar y mentalizarte que podrás lograr las cosas que tanto deseas, sin importar qué obstáculos se crucen en tu camino. Eso es, esa es la definición del silencio.
Por qué destruir un lugar en el que puedes recrear cualquier cosa que desees, y donde solo es necesario cerrar los ojos para que la magia empiece a hacer sus efectos. Por qué acabar con un especio en el que con tu mentes puedes volver a encontrarte con esos seres queridos que ya no están a tu lado, o en el que puedes tener de frente, y detallar detenidamente cada pequeño gramo de perfección que tiene esa persona que siempre haz soñado con tener ahí contigo, esa que siempre haz querido hacer sonreír todos los días de sus eternas vidas.
Esa es otra forma más, de tantas que existen, para explicar por qué el silencio es uno de los mayores tesoros que cada individuo posee. Por lo visto estos seres, como lo dije antes, no saben darle el valor que se merece al silencio.
Ya llegó, es uno de los consejeros. Este apenas me vio me dijo que estaba feliz de verme con vida; no podía detallarlo bien, estaba muy oscuro. Le pregunté que por qué se alegraba de verme respirar, le grité que por qué me encontraba en este lugar tan horrible, y le rogué que me dijese qué había sucedido con nuestra gente.
No lograba conseguir ni una sola respuesta, solo un silencio infinito, e incómodo, que se interponía entre nosotros. De repente veo que da un paso hacia delante y logro admirar su majestuosidad. Me arrodillé al ver que no era un consejero común, sino, una de las enviadas personales de nuestros antiguos creadores; estas solo aparecen cuando deben anunciar algo de mucha importancia.
Un suspiro frío salió de su boca, un aliento congelante que siento muy cerca de mi rostro, ya que esta se había agachado a susurrarme unas palabras: “Tú eres el elegido, tú por tu cuenta encontrarás las respuestas. Solo escucha muy atento al silencio y sabrás por qué he venido hasta ti”.
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