jueves, 30 de diciembre de 2010

Una promesa rota puede perseguirte para siempre


Lo más fino de Diciembre es sin duda el 31 y no porque sea el último día. Mas allá de significar el gran final del caótico mes fiestero, representa un nuevo comienzo. Es el momento perfecto para prometer, cambiar, celebrar, anhelar, desear y construir ganas decididas de comerte al mundo. Ganas que en mi caso se agotan a finales de Enero.

Yo me considero una mujer de palabra, de las que cumple siempre con la gente y por eso me preocupa que desde hace algunos años mis propósitos de año nuevo se han quedado solo en eso, frases inconexas. Casi siempre me ocupo en cualquier trivialidad, cambio de opinión y las olvido.

Y no solo eso, también soy capaz de incumplir al pie de la letra todo lo que me planteo para el nuevo año. Qué patética! Me he convertido en una mentirosa compulsiva decembrina. Pero en medio del disturbio conseguí una explicación ilógica a todo esto: Dios confabula en mi contra y se divierte al máximo viendo como poco a poco entierro todo en el cementerio de las buenas intenciones.



Pero no importa, este año todo irá bien porque prometo no prometer nada

PD: Aprender a decir No, no es una promesa es una necesidad…

Happy New Year

Escrito por Marjori Haddad (@MarjoriHaddad)

No hay comentarios:

Publicar un comentario